Ahora que el obispo de la diócesis de Renada, a
la que
pertenece esta mi querida aldea de Valverde de Lucerna, anda, a lo que
se dice,
promoviendo el proceso para la beatificación de nuestro Don Manuel, o,
mejor,
san Manuel Bueno, que fue en esta párroco, quiero dejar aquí consignado,
a modo
de confesión y sólo Dios sabe, que no yo, con qué destino, todo lo que
sé y
recuerdo de aquel varón matriarcal que llenó toda la más entrañada vida
de mi
alma, que fue mi verdadero padre espiritual, el padre de mi espíritu,
del mío,
el de Ángela Carballino.
Al otro, a mi padre carnal y temporal, apenas si le conocí, pues se me murió siendo yo muy niña. Sé que había llegado de forastero a nuestra Valverde de Lucerna, que aquí arraigó al casarse aquí con mi madre. Trajo consigo unos cuantos libros, el Quijote, obras de teatro clásico, algunas novelas, historias, el Bertoldo, todo revuelto, y de esos libros, los únicos casi que había en toda la aldea, devoré yo ensueños siendo niña. Mi buena madre apenas si me contaba hechos o dichos de mi padre. Los de Don Manuel, a quien, como todo el mundo, adoraba, de quien estaba enamorada -claro que castísimamente-, le habían borrado el recuerdo de los de su marido. A quien encomendaba a Dios, y fervorosamente, cada día al rezar el rosario.
De nuestro Don Manuel me acuerdo como si fuese de cosa de ayer, siendo yo niña, a mis diez años, antes de que me llevaran al Colegio de Religiosas de la ciudad catedralicia de Renada. Tendría él, nuestro santo, entonces unos treinta y siete años. Era alto, delgado, erguido, llevaba la cabeza como nuestra Peña del Buitre lleva su cresta y había en sus ojos toda la hondura azul de nuestro lago. Se llevaba las miradas de todos, y tras ellas, los corazones, y él al mirarnos parecía, traspasando la carne como un cristal, mirarnos al corazón. Todos le queríamos, pero sobre todo los niños. ¡Qué cosas nos decía! Eran cosas, no palabras. Empezaba el pueblo a olerle la santidad; se sentía lleno y embriagado de su aroma. Entonces fue cuando mi hermano Lázaro, que estaba en América, de donde nos mandaba regularmente dinero con que vivíamos en decorosa holgura, hizo que mi madre me mandase al Colegio de Religiosas, a que se completara fuera de la aldea mi educación, y esto aunque a él, a Lázaro, no le hiciesen mucha gracia las monjas. «Pero como ahí -nos escribía- no hay hasta ahora, que yo sepa, colegios laicos y progresivos, y menos para señoritas, hay que atenerse a lo que haya. Lo importante es que Angelita se pula y que no siga entre esas zafias aldeanas.» Y entré en el colegio, pensando en un principio hacerme en él maestra, pero luego se me atragantó la pedagogía.
Al otro, a mi padre carnal y temporal, apenas si le conocí, pues se me murió siendo yo muy niña. Sé que había llegado de forastero a nuestra Valverde de Lucerna, que aquí arraigó al casarse aquí con mi madre. Trajo consigo unos cuantos libros, el Quijote, obras de teatro clásico, algunas novelas, historias, el Bertoldo, todo revuelto, y de esos libros, los únicos casi que había en toda la aldea, devoré yo ensueños siendo niña. Mi buena madre apenas si me contaba hechos o dichos de mi padre. Los de Don Manuel, a quien, como todo el mundo, adoraba, de quien estaba enamorada -claro que castísimamente-, le habían borrado el recuerdo de los de su marido. A quien encomendaba a Dios, y fervorosamente, cada día al rezar el rosario.
De nuestro Don Manuel me acuerdo como si fuese de cosa de ayer, siendo yo niña, a mis diez años, antes de que me llevaran al Colegio de Religiosas de la ciudad catedralicia de Renada. Tendría él, nuestro santo, entonces unos treinta y siete años. Era alto, delgado, erguido, llevaba la cabeza como nuestra Peña del Buitre lleva su cresta y había en sus ojos toda la hondura azul de nuestro lago. Se llevaba las miradas de todos, y tras ellas, los corazones, y él al mirarnos parecía, traspasando la carne como un cristal, mirarnos al corazón. Todos le queríamos, pero sobre todo los niños. ¡Qué cosas nos decía! Eran cosas, no palabras. Empezaba el pueblo a olerle la santidad; se sentía lleno y embriagado de su aroma. Entonces fue cuando mi hermano Lázaro, que estaba en América, de donde nos mandaba regularmente dinero con que vivíamos en decorosa holgura, hizo que mi madre me mandase al Colegio de Religiosas, a que se completara fuera de la aldea mi educación, y esto aunque a él, a Lázaro, no le hiciesen mucha gracia las monjas. «Pero como ahí -nos escribía- no hay hasta ahora, que yo sepa, colegios laicos y progresivos, y menos para señoritas, hay que atenerse a lo que haya. Lo importante es que Angelita se pula y que no siga entre esas zafias aldeanas.» Y entré en el colegio, pensando en un principio hacerme en él maestra, pero luego se me atragantó la pedagogía.
ESQUEMATIZACIÓN DE LAS IDEAS
Cita inicial (Primera parte)
- Alusión a conversión de Pablo Tarso. (Alusión a las corintios, en referencia al amor). Resume, a su vez, el tema central de la obra.
- Alusión a conversión de Pablo Tarso. (Alusión a las corintios, en referencia al amor). Resume, a su vez, el tema central de la obra.
Segunda cita:
- Enfoque narrativo.
- Técnica: manuscrito encontrado. También se hace referencia al Quijote, porque pertenece a la tradición literaria, por lo tanto hay intertextualidad.
- La carta que escribe Ángela se compara con Lazarillo de Tormes. Ángela esta contando sus recuerdos, por lo que se trata de una autobiografía.
- Unamuno se sirve también del diálogo para introducir perspectivas o enfoques.
Tercera cita:
- Varón matriarcal (parece ser una paradoja, pues un varon no puede ser madre).
- En el varon como persona se reunian las virtudes del hombre
ORGANIZACIÓN DE IDEAS
Primer párrafo
-Referencia a Don Manuel como ejemplo a seguir.
- Aprecio a lo espiritual.
- Alusión a las enseñanzas que el padre espiritual aportó.
- Localización del lugar donde se llevan a cabo los hechos.
- Presentación del objeto de sus memorias.
- Confesión de las memorias de Ángela y relación emocional y espiritual con el protagonista.
Segundo párrafo
-Mención del padre de la narradora, al que poco conoció ésta. Hecho también que aviva numerosos recuerdos sobre él.
- Obras de teatro clásico como el Quijote que el padre de Ángela trajo consigo.
- Sucesos pasados conocedores por Ángela a través de las conversaciones con su madre.
- Atención dirigida hacia Don Manuel.
Tercer párrafo
- Bondad y sentimiento hacia el personaje principal, San Manuel Bueno.
TEMA
- Varón matriarcal (parece ser una paradoja, pues un varon no puede ser madre).
- En el varon como persona se reunian las virtudes del hombre
ORGANIZACIÓN DE IDEAS
Primer párrafo
-Referencia a Don Manuel como ejemplo a seguir.
Ideas secundarias
- Inicio del proceso de beatificación de Don Manuel por parte del obispo local de Renada.- Aprecio a lo espiritual.
- Alusión a las enseñanzas que el padre espiritual aportó.
- Localización del lugar donde se llevan a cabo los hechos.
- Presentación del objeto de sus memorias.
- Confesión de las memorias de Ángela y relación emocional y espiritual con el protagonista.
Segundo párrafo
-Mención del padre de la narradora, al que poco conoció ésta. Hecho también que aviva numerosos recuerdos sobre él.
Ideas secundarias
- Obras de teatro clásico como el Quijote que el padre de Ángela trajo consigo.
- Sucesos pasados conocedores por Ángela a través de las conversaciones con su madre.
- Atención dirigida hacia Don Manuel.
Tercer párrafo
- Bondad y sentimiento hacia el personaje principal, San Manuel Bueno.
Ideas secundarias
- Capacidad que tenía Don Manuel para cautivar y llenar espiritualmente a todos los que le rodeaban.
- Preocupación del hermano de Ángela, Lázaro, por enviar a su hermana a un centro religioso para terminar su formación.
- Poco interés por parte de Lázaro hacia el mundo religioso y sus componentes.
- Idea de Ángela centrarse en los estudios de magisterio.
TEMA
La fe y creencia religiosa.
RESUMEN
Tras morir Don Manuel, Ángela describe cómo se está llevando a cabo el proceso de beatificación de éste, recordando aquellos momentos que le hicieron sentirse feliz. A continuación Ángela rememora los momentos en los que su padre se encontraba con ella, y en los que la madre no escuchaba más que las palabras y consejos del padre Don Manuel, realizando finalmente una descripción de su persona y de su hermano, quien le instó a meterse en el centro religioso para terminar su educación.
COMENTARIO CRÍTICO
Nos encontramos ante un fragmento de la obra San Manuel Bueno, mártir, de Miguel de Unamuno, escritor y filósofo español perteneciente a la generación del 98. En su obra cultivó gran variedad de géneros literarios como novela, ensayo, teatro y poesía.
En el fragmento, Ángela describe tanto el apoyo espiritual y personal que aportaba el padre Don Manuel, como la influencia que recibían las personas de su parte, todas ellas maravilladas por la manera de transmitir y enseñar que tenía dicho personaje, capaz de perdurar en la memoria de las personas gracias a la labor que desempeñaba como persona.
Por otra parte, la obra en sí nos hace reflexionar sobre cómo puede haber personas en el mundo que lo den todo a cambio de nada. Como bien describe el personaje de Ángela en el texto, Don Manuel fue una persona cuyo mayor afán era hacer el bien por las personas y ayudarlas lo máximo posible, perdurando así en sus corazones y recuerdos. En mi opinión, el que la fe no sea verdadera no significa que la bondad no se halle en la persona, pues son los actos que realiza ésta la que termina mostrándonos como es en realidad. En el mundo actual, el personaje de Don Manuel que Unamuno caracteriza en su obra, debería ser más presente y, en definitiva, un ejemplo a seguir para el bienestar común de la sociedad, de manera en la que tanto la corrupción como la mala gestión de los gobiernos termine desapareciendo, dando lugar a un escenario de paz y respeto que termine diferenciando totalmente lo que está mal de lo que está bien.
RESUMEN
Tras morir Don Manuel, Ángela describe cómo se está llevando a cabo el proceso de beatificación de éste, recordando aquellos momentos que le hicieron sentirse feliz. A continuación Ángela rememora los momentos en los que su padre se encontraba con ella, y en los que la madre no escuchaba más que las palabras y consejos del padre Don Manuel, realizando finalmente una descripción de su persona y de su hermano, quien le instó a meterse en el centro religioso para terminar su educación.
COMENTARIO CRÍTICO
Nos encontramos ante un fragmento de la obra San Manuel Bueno, mártir, de Miguel de Unamuno, escritor y filósofo español perteneciente a la generación del 98. En su obra cultivó gran variedad de géneros literarios como novela, ensayo, teatro y poesía.
En el fragmento, Ángela describe tanto el apoyo espiritual y personal que aportaba el padre Don Manuel, como la influencia que recibían las personas de su parte, todas ellas maravilladas por la manera de transmitir y enseñar que tenía dicho personaje, capaz de perdurar en la memoria de las personas gracias a la labor que desempeñaba como persona.
Por otra parte, la obra en sí nos hace reflexionar sobre cómo puede haber personas en el mundo que lo den todo a cambio de nada. Como bien describe el personaje de Ángela en el texto, Don Manuel fue una persona cuyo mayor afán era hacer el bien por las personas y ayudarlas lo máximo posible, perdurando así en sus corazones y recuerdos. En mi opinión, el que la fe no sea verdadera no significa que la bondad no se halle en la persona, pues son los actos que realiza ésta la que termina mostrándonos como es en realidad. En el mundo actual, el personaje de Don Manuel que Unamuno caracteriza en su obra, debería ser más presente y, en definitiva, un ejemplo a seguir para el bienestar común de la sociedad, de manera en la que tanto la corrupción como la mala gestión de los gobiernos termine desapareciendo, dando lugar a un escenario de paz y respeto que termine diferenciando totalmente lo que está mal de lo que está bien.